El agua ha jugado un papel muy importante en el antiguo Perú. Muchos son los ritos relacionados con el agua que los antiguos peruanos realizaron para diversos fines mágico-religiosos.
De acuerdo a los estudios del antropólogo norteamericano Dr. Johan Reinhard, (el descubridor de la momia "Juanita" en el nevado "Ampato" de Arequipa), en los Andes existe la creencia que los Dioses o Apus y deidades de las montañas fueron creados para controlar el clima y, por consecuencia, las cosechas y la fertilidad. Al mismo tiempo, se atribuye que los lagos en las cumbres de las montañas son las puertas de las moradas de los dioses.
Existe asimismo la creencia, muy arraigada todavía, que las deidades de las montañas controlan los fenómenos meteorológicos, como la lluvia, la nieve, las heladas, el granizo, los rayos, etc. y a través de ellos, son responsables de la fertilidad de la tierra, de las cosechas y de los animales.
El más común de los cultos y rituales en las montañas sagradas es el de la fertilidad. Todavía en zonas muy remotas de los Andes se siguen realizando ritos y cultos similares. Los Apus o Dioses de la montañas son siempre vistos como protectores del hombre, del ganado, de las cosechas, además de ser amos y señores de toda vida silvestre.
La agricultura y el pastoreo en los Andes son absolutamente dependientes de los factores climáticos. Las heladas o el granizo pueden destruir las cosechas; las inundaciones, o las sequías, pueden diezmar los rebaños y destruir los sembríos.
En la antigüedad se creía que las personas escogidas para llevar a cabo estos rituales eran seres especiales elegidos por los mismos dioses de las montañas, quienes, con la ayuda de otras deidades, les proporcionaban poderes especiales para curar enfermedades, adivinar el futuro, etc.
La asociación de los Dioses de las montañas con el agua ha creado en la imaginación popular una conexión mágica entre los lagos, las montañas y el océano. A este último lo conciben como la Madre de toda agua. Por esta razón, el agua de mar y las conchas marinas (el "mullu" o spondylus) ocupan un lugar prominente en los ritos en las montañas. En el caso de algunas montañas con lagos en sus cumbres, éstas se consideran especialmente sagradas.